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Células madre amnióticas

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Células madre amnióticas
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Las células madre amnióticas o del líquido amniótico son células fetales que presentan como característica principal su gran nivel de actividad. Aunque no son como las células madre embrionarias pluripotenciales, tampoco plantean los problemas éticos de estas últimas.

Las células madre amnióticas son multipotentes, o sea, cuentan con la capacidad de diferenciarse en multitud de tipos de células del organismo, entre las que se incluyen neuronas, adipocitos y células hepáticas.

Desde este punto de vista, podría decirse que son mejores que las células madre adultas. Su principal diferencia respecto de las células iPS y de las embrionarias o fetales, es que no son pluripotentes, o sea, que pueden transformarse en cualquier tipo de célula.

¿Dónde se encuentran?

Las células madre amnióticas se encuentran, como su propio nombre indica, en el líquido amniótico. Consideradas una excelente alternativa a las células madre embrionarias, de ellas se piensa que podrían llegar algún día a regenerar el tejido muscular de aquellos bebés nacidos con defectos congénitos en el corazón. Una ayuda potencial que podría servir a los miles de bebés que cada año nacen con este tipo de patología.

El trabajo científico asociado a estas células destaca lo importante y relevante que sería establecer bancos de células madre amnióticas pluripotentes para aplicaciones futuras en medicina regenerativa, así como en lo concerniente a la evaluación de fármacos.

El trascendental paso de “multi” a “pluripotente” se lleva a cabo a través de un sencillo procedimiento que muestra cómo la activación del gen “OCT4” es inductora de una reprogramación en las células madre amnióticas que las vuelve pluripotentes, como si fueran embrionarias.

¿Para qué sirven las células madre amnióticas?

Los bebés nacidos con defectos congénitos en el corazón pasan a menudo por multitud de operaciones cardíacas e incluso pueden ser candidatos a un trasplante de corazón antes de cumplir el año de vida. Es por ello que se está probando un novedoso método que podría regenerar tejido cardíaco defectuoso destinado a evitarles tantas operaciones.

Hasta el momento, las células madre embrionarias están demostrando su potencial para llegar a transformarse en diferentes tipos de tejidos de los órganos, si bien la ética en torno al proceso de destrucción del embrión para conseguir ese resultado está sujeta cada día a mayor controversia, al punto de que esta técnica está prohibida en la mayoría de países.

Por otro lado, las células madre de la médula ósea también hacían albergar esperanzas, aunque resulta lógico precisar que estas células no son fáciles de obtener a partir de un feto. A esta dificultad hay que añadir que la consecución de médula ósea de un donante lleva consigo casi el mismo riesgo que un trasplante de corazón, dada la necesaria supresión del sistema inmunológico del recién nacido para que su organismo no rechace las células extrañas.

También se ha contemplado la posibilidad de utilizar células madre cardíacas, si bien su limitado número supone un obstáculo. Así las cosas, vuelven a cobrar fuerza las células madre amnióticas ya que, al contener la misma información genética que el feto, eliminan la posibilidad de rechazo de las células. Por si esto fuera poco, estas células se pueden obtener fácilmente mediante la amniocentesis, la prueba genética prenatal en la que es extraído fluido del saco amniótico.

¿Cuál es el futuro de las células madre del líquido amniótico?

El tipo más común de células del líquido amniótico es de las denominadas células mesenquimales del estroma. Estas células son susceptibles de transformarse en células madre pluripotentes inducidas con una composición genética idéntica a la del feto.

Este es un paso que involucra la reprogramación genética de las células para ser, de modo similar a las células madre embrionarias, lo bastante flexibles para transformarse en cualquier célula del organismo humano, como puedan ser las del músculo del corazón.

Estudios científicos han evidenciado, llegados a ese punto, que tras varias semanas de cultivo, las células madre amnióticas pueden transformarse en células del músculo cardíaco. La situación ideal sería, en opinión de los científicos, que estas células madre del corazón estuvieran disponibles en el momento del nacimiento de los bebés.

No en vano, el diagnóstico de defectos cardíacos puede efectuarse a las 20 semanas de gestación, lo que dejaría un plazo de aproximadamente 5 meses para la generación de células cardíacas que fueran utilizadas desde el nacimiento.

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